ALIANZA NACIONAL POR LA EDUCACIÓN

Por: Rolando Morales Anaya (La Razón)

Hace cincuenta años, el 85 por ciento de los bolivianos éramos analfabetos. Actualmente, el analfabetismo afecta a un 14 por ciento de la población. Es decir, se ha recorrido un camino importante, pero, todavía no hemos llegado a un punto aceptable. El avance se ha logrado sobre la base de una gran desigualdad y en desmedro de la calidad. La desigualdad es preocupante cuando se observa que el 41 por ciento de las mujeres en el área rural son todavía analfabetas.

Frente a esta situación, se abre la gran interrogante: ¿Los esfuerzos actuales son suficientes para esperar que el futuro sea mejor que el presente?. Diferentes informaciones permiten suponer que la respuesta no es alentadora. Por ejemplo, según la información que se desprende de las encuestas del INE, las niñas de origen quechua o aymara se alejan de las escuelas a los 12 años de edad, yéndose con una educación insuficiente en cantidad y calidad.

Investigaciones recientes en otros lugares del mundo han mostrado que el contorno cultural y socioeconómico del niño o niña explican un 50 por ciento de los resultados escolares. Esta es una observación fundamentalmente preocupante, pues, implica que los niños tenderán a reproducir las características educativas de sus padres. Teniendo en cuenta que los ingresos muestran una alta asociación con la educación, resultaría que los hijos de padres pobres serán también pobres, reproduciéndose esta situación por varias generaciones. Salvo, evidentemente, si se hace algo para romper este círculo vicioso.

Se puede romper esa inercia de la educación si la política en este campo sale de las 4 paredes de las escuelas para proyectarse a la comunidad. Es decir, a partir de intervenciones sociales se puede generar ambientes donde se desarrolle un interés creciente por el conocimiento y en consecuencia por la escolaridad de los niños. Algunos desarrollos tecnológicos permiten hacerlo a bajo costo, por ejemplo, utilizando la televisión,.los videos, el cine, el Internet, etc. No se trata exactamente de proponer programas de adquisición de conocimientos (lo que sería ideal) pero sería un avance muy importante despertar la curiosidad y el interés en las familias (padres, hijos, etc.) por el conocimiento lo que debería llevar naturalmente a reforzar la escolaridad de los niños y a ampliar los hábitos de lectura.

Los educadores se encuentran preparando una nueva estrategia educacional y un Congreso que se llevará a cabo a fines de año. Sin duda, están elaborando muchas y buenas ideas. Posiblemente, algo de lo anterior será tomado en cuenta. Conviene destacar, pues es muy poco usual en nuestras costumbres políticas, que el Ministerio de Educación ha hecho saber que está abierto a escuchar todas las propuestas independientemente del sector social o político de donde vengan. Esa es una buena noticia, pues, preludia el fin del oscurantismo que tanto daño ha hecho a Bolivia en este campo y en otros.