LA IMPORTANCIA DE LAS IDEAS EN LA CONSTRUCCIÓN NACIONAL

Por: Dr. Rolando Morales Anaya (La Razón)

Según declaraciones oficiales, la economía creció en un 3.5 por ciento en el año 2004, pero sin contar el sector de hidrocarburos, creció solamente al 1.7 por ciento. Como el sector de hidrocarburos no genera empleo ni distribuye ingresos y contribuye muy poco al fisco, no hay forma de esperar que la situación económica de las familias bolivianas se haya mejorado.

El ingreso por habitante es similar al que teníamos hace 50 años. Mientras que todos los países crecen, Bolivia se halla estancada.

La gran pregunta es ¿Qué pasa con Bolivia?.

Hace mucho tiempo que los economistas sostenemos que sin la incorporación continua de progreso técnico no puede haber desarrollo. El gran Malthus sostenía que puesto que la tierra no crece y que la población crece sin cesar, algún día todos moriríamos de hambre. Esto no ocurrió, pues, gracias a la innovación tecnológica fue posible incrementar continuamente la cantidad de producto por hectárea sembrada. Este ejemplo ilustra muy bien la importancia de la incorporación continua de nuevos conocimientos en todas la áreas no sólo en la agricultura. Para que se dé ese proceso, es necesario que la sociedad en su conjunto busque y produzca el cambio y parece que Bolivia no lo hace. Por ejemplo, en las últimas elecciones municipales, la sociedad no ha buscado el cambio ni ha producido propuestas innovadoras entre las cuales los electores puedan escoger. Ese es sólo un ejemplo, en realidad por donde se mire, se detecta un sentimiento de temor a lo nuevo.

El bajo nivel y la mala distribución del acervo educativo posiblemente explican a la vez el temor a lo nuevo (“si no comprendes algo, recházalo”) como la persistencia de errores de política económica. En lo que concierne a este último punto, cabe echar una mirada a las formas como se construyen los procesos de decisión. En una democracia que funciona, la competencia por ideas y propuestas debería constituir su eje motor. Pero al parecer estamos todavía lejos de dotar a nuestra democracia de esa calidad pues en la historia económica del último medio siglo, los errores de política económica imputables a los gobiernos se alinean en cadena, pero, también forman una serie larga y continua las malas decisiones de inversión y de negocios de la empresa privada y de los bancos.

¿Qué hacer? – La respuesta es inmediata: se necesita poner más énfasis en la educación, pero no solamente la de carácter escolar, también la relativa al ejercicio ciudadano, a la importancia de la innovación y el cambio y a la interpretación de la democracia como crisol de las mejores ideas. Se necesita también iniciar un periodo de reordenamiento de las instituciones de manera a dar más espacio a aquellas ideas cuya contribución a la sociedad pueda ser mayor.