DESPUÉS DE LA MUERTE DEL PAPA

Por Dr. Rolando Morales Anaya (La Razón)

La reciente muerte del Papa ha conmovido al mundo entero por varias razones, entre otras por que su lenta agonía tocó las fibras más sensibles de la humanidad.

Ahora el mundo se prepara a recibir un nuevo Papa con la esperanza de que introduzca cambios importantes en la Iglesia, entre ellos, que la Iglesia retome la defensa de los pobres en la línea que en su momento fue diseñada por el Papa Juan XXIII y elaborada por teólogos latinoamericanos con el nombre de Teología de la Liberación. Estos fueron alejados de la Iglesia en las últimas décadas, pero convendría valorizar su pensamiento nuevamente. Entre estos se encuentra el famoso teólogo Leonardo Boff.

El mundo espera posiciones firmes de la Iglesia en lo referente al respeto a los derechos humanos, la no intervención y la paz del mundo. En una última intervención en el Senado Americano, el Sr. Peter Goss señaló que hoy en día en los Estados Unidos no se tortura pero no podía asegurar que en el pasado inmediato no se lo hizo y dio a entender que los Estados Unidos participan en actos de tortura contra “terroristas” en Guantánamo, en el Irak y en Afganistán llevando hacia estos lugares a prisioneros tomados en otros lugares del mundo, incluyendo los Estados Unidos. Estas noticias son preocupantes por lo que sería bueno que la Iglesia reiterara su posición contra la tortura y contra cualquier acto de violación a los derechos humanos. En este mismo orden, sería bueno que la Iglesia se caracterice por la defensa sin cuartel de la paz en el mundo, pidiendo, por ejemplo, el retiro de las tropas americanas del Irak y la eliminación del discurso bélico y de confrontación iniciado por el gobierno del presidente Bush.

La insistencia con que la Iglesia en las últimas décadas trató la cuestión sexual debe ceder el paso a preocupaciones relativas a la pobreza, a la justicia, al respeto a los derechos humanos y a la paz del mundo encuadrados en el mensaje del amor al prójimo tal cual enseñara Cristo. Mientras estos asuntos conciernen al prójimo, la vida sexual es algo estrictamente privado mientras no dañe a nadie. De igual manera, la prohibición de uso de métodos anticonceptivos debe ceder el paso a una preocupación más profunda sobre la necesidad de consolidar y expandir la familia.

La Iglesia Católica está perdiendo feligreses a una velocidad impresionante en América Latina y en otros lugares del mundo. Los últimos censos en Centroamérica muestran que cerca de la mitad de la población se ha desplazado hacia las iglesias evangélicas. En Bolivia, un 20 por ciento lo hizo. Para impedir un mayor deterioro, sería bueno que la Iglesia piense en reformas institucionales como la de permitir que curas y monjas se casen y, sobretodo, adoptar una línea con los contenidos antes señalados.